La novela imposible (título provisional)

Capítulo 5

Capítulo 5

Algo le decía que no debía abrir esa puerta. Y, sin embargo, allí estaba, paralizada por el horror de lo que acababa de ver. No pudo hacer otra cosa que dar media vuelta y salir corriendo.

Cuando Marta se cruzó con su novio Iván, le explicó lo sucedido entre lágrimas: —"hace unas horas, ha caído una especie de roca gigante sobre la casa y la ha dejado destrozada."—

Los dos se miraron preocupados y se preguntaron: qué hacer ya que aquellos terrenos era una reliquia familiar en la que había vivido toda la estirpe de los Ferreyra y por eso no querían abandonar la casa. Llamaron a la policía y el agente que estaba al otro lado del teléfono empezó a reír a carcajadas porque no se creía que fuese cierto, pero el oficial de la comisaría decidió ir a comprobarlo.

Al llegar a la casa medio destruida el oficial Rivero decidió llamar al FBI y le recomendó a la pareja que, por el momento, deberían ir a un hotel, pero Marta se negó rotundamente a marcharse de su casa, por lo que el oficial decidió quedarse con ellos por si ocurrían más sucesos paranormales.

Cuando llegaron los agentes del FBI les ordenaron abandonar el recinto, pero Marta seguía negándose y al ver la orden que llevaban los agentes decidió ir bajo la cama de su cuarto, al lado de la parte destrozada de la casa y sacó una pequeña caja fuerte con una orden que decía que esos terrenos eran propiedad de la familia Ferreyra. Los agentes permitieron a la pareja quedarse y empezaron a investigar qué podría ser aquel objeto caído del cielo. Lo primero que hicieron fue desincrustar el objeto de la casa con una grúa y al dejarlo en el suelo descubrieron que no era una roca, sino una especie de metal que nunca habían visto.

En ese momento empezó a salir de dentro una especie de gas verde que desprendió todos los restos de tierra y madera que quedaban pegados alrededor. Quedó una especie de esfera con forma de rombo, que tenía un color metálico y era toda lisa. Cuando estaban todos frente a la “nave”, se abrió un tipo de puerta liberando aún más gas, y en el interior, se podía ver, una pequeña bolita verde colocada en una clase de vitrina.

Una vez dejó de salir gas verde, decidieron entrar, pero el FBI se negó rotundamente, dijeron que no iban a entrar. Marta decidió jugarse la vida apenas recién cumplidos sus 21 años. Iván en cambio tenía más edad que Marta, tenía 24. Una vez entraron, vieron una especie de bola verde dentro de una vitrina, y pensaron que aquello era lo que estaba produciendo aquel gas tan extraño, Marta se tropezó con un objeto nunca visto, pero, al tropezarse empujó a Iván sin haberlo planeado y ésteactivó el motor de la nave.

A los dos segundos aparecieron dos personas desconocidas que al momento se transformaron en su figura real. Según las características de los seres extraños, podrían pertenecer a la nebulosa Galaxia Extraturno. Dicho esto, esta es la explicación científica que merece. En cambio, Marta pensó que era gente paranoica que se disfrazaba de extraterrestres para llamar la atención, puesto que nadie les hace caso. Marta e Iván decidieron salir por un momento de la nave para argumentar todo lo que pasaba dentro de ella al FBI, pero cuando quisieron salir no pudieron, porque sin darse cuenta aquellos alienígenas les habían transportado a su hogar.

Ahí terminaba el primer capítulo del guion que vio Marta. Aunque estaba mojado todavía se podía leer a la perfección lo que ponía, Marta se extrañó al ver algo que no le pertenecía tirado en el salón de su casa, sobre todo cuando vivía sola. Pensó en que algún animal podría haberlo recogido y por una razón desconocida haberlo dejado en su casa y efectivamente fue así, después de recorrer unos pocos metros a través de su pasillo encontró a un gato pardo y que mirándola comenzó a maullar. Se fijó en que aquel minino llevaba un collar acompañado por una placa brillante, acercándose lentamente logró aproximarse lo suficiente como para cogerla en ella estaba inscrito "Dante” y en la parte trasera ponía “Propiedad de Iván”. Enseguida escuchó un estrepitoso ruido que la asustó. Alguien estaba llamando a su puerta. Preguntándose quién sería, abrió la puerta con desconfianza y vio a un chico de piel morena, cabello corto y sin aliento apoyado en su puerta. Le preguntó si podía ayudarle en algo. De forma maleducada el extraño chico le respondió que no necesitaba nada, solo a su gato. Marta, acordándose de lo que acababa de pasar segundos antes, le explicó todo lo sucedido respecto a su gato. El extraño entró a casa de Marta sin ningún permiso y con mucha prisa por encontrar lo que le pertenecía. Mirando hacia todos los lados encontró el guión en el mismo lugar donde lo descubrió ella. Aquel muchacho, olvidándose del objetivo por el cual había entrado en casa de Marta, se fijó el guion y le preguntó con gesto serio:

-Tú eres Marta, ¿verdad?

- Sí, ¿cómo lo sabes?

El chico, sin dejar de mirar el guión y sin responder a la pregunta de Marta, iba adoptando un gesto preocupado y melancólico. Levantando la cabeza de golpe, se giró y sin mirarla ni dirigirle una palabra se marchó con la misma velocidad con la que entró.

Marta se quedó petrificada mirándolo huir. No entendía nada de lo que acababa de presenciar y se maldecía por no haber sido capaz de reaccionar y hacer algo constructivo, como preguntarle a ese chico: ¿Quién eres? ¿Cómo has encontrado mi casa? ¿De qué conoces este guión? ¿Qué hace aquí? Y ese gato, ¿cómo ha entrado a mi casa? Ese gato... ¡El gato! Se giró y lo vio despatarrado en el sofá, ronroneando, lamiéndose la pata y mirando la escena con indiferencia. En esencia, siendo un gato. Ahora sí, se espabiló, lo cogió como pudo -Dante era bastante arisco- y se lo llevó al veterinario: gracias al chip podría localizar a aquel chaval tan misterioso. Se llevó consigo el guion para leerlo en el bus.

"Desde donde estaba, Iván vio un botón grande y rojo al lado del panel de mandos. No entendía las letras sobreimprimidas, pero su intuición, la cantidad de series de ciencia ficción que había visto o el entrenamiento lingüístico adquirido en su Grado en Lenguas Antiguas, le decían que eso debía de ser algún tipo de resorte de autodestrucción. Tenían que ir con cautela si no querían provocar una gran catástrofe, ya que desconocían el radio de la explosión y los estragos que aquello podía causar en la Tierra, si es que aún estaban en la atmósfera terrestre".

Estaba tan absorta en la lectura que casi se pasa su parada. El veterinario efectivamente identificó al gato como Dante y a su propietario, un tal Iván Soto de la Fuente, que vivía en un bajo de la calle Artesanía número 64. Estaba a unas pocas manzanas de allí. Marta se dirigió hacia allá y en un acto más instintivo que racional, entró a la biblioteca, que quedaba de camino, y cogió todos los libros que pudo cargar sobre avistamientos de ovnis y el Área 51.

Al instante de salir de la biblioteca, con todos los libros cargados y Dante, vio a Iván y una chica con un sombrero bastante hortero. Marta, mientras seguía a Iván con la mirada, se iba acercando lentamente, hasta un punto donde le dio un golpe en la espalda y le dijo: —"¿Te has olvidado de mí?"— Iván la miró con cara de sorprendido y un instante después se giró la chica. Marta al instante la reconoció, no podía ser ni más ni menos que su mejor amiga, Alba.

Marta estaba flipando, al ver a su amiga con el hombre misterioso y sospechoso. Dejó las cosas en el suelo y al mismo instante apareció una furgoneta negra con tres hombres, salieron dos armados, cogieron a Iván y se lo llevaron. En ese momento Marta y Alba se quedaron boquiabiertas, Alba no tardó ni un segundo en coger el móvil y llamar a la policía mientras Marta sacaba el móvil para apuntar en Notas la matrícula de la furgoneta.

Al cabo de 20 minutos, llegó la policía, las recogieron y se fueron directos a comisaría. Allí Marta y Alba empezaron hablar sobre el guion, que era la próxima película de Alba, ya que esta se lo dejó en su casa al aver dormido en ella, después de haber llegado de la discoteca juntas.

Marta le preguntó sobre Dante y Alba respondió que no sabía cómo había llegado a su casa, mientras lo sacaba del trasportín que le había dado el veterinario a Marta.

Alba, mientras acariciaba a Dante, iba pensando en qué andaba metido Iván. Marta fue hablar con el oficial de la comisaría, entró en su oficina y le preguntó que si faltaba mucho para encontrar al novio de su amiga. El oficial, respondiendo a eso, le dijo que estaba en marcha.

Marta, mientras cogía su bolso Chanel, vio la placa del oficial que ponía: “Oficial Rivero”. Marta se le quedó grabado en la cabeza, y en ese momento Rivero le dio una tarjeta donde ponía su número y le dijo que si se comunicaban con ellas que le llamasen.


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